- Yanisbel Marquez Alonso
- 22 may
- 2 Min. de lectura
Vivimos corriendo. Corriendo hacia el futuro, hacia los “¿y si…?”, hacia lo que podría pasar. Y en esa carrera, nuestra mente acelera tanto que deja atrás el presente. Así nace la ansiedad: una mente corriendo más rápido que la vida.
😥 Cuando la ansiedad se vuelve rutina

En términos de salud mental, una de las principales afecciones que muchas personas experimentan es la ansiedad. Sea como crisis, como preocupación constante, como insomnio o como un nudo en el estómago que no se va: la ansiedad duele. Y duele mucho. Peor aún: muchas veces se normaliza.
Puede que tú, o alguien cercano, haya aprendido a convivir con ella como si fuera parte del paisaje mental, pero no. No está bien vivir así. Y aunque ignorarla parezca una forma de protegerse, en realidad, solo la alimenta.
🛑 No te acostumbres a lo que te hace daño
Silenciar esa voz interna que te pide ayuda, no es fortaleza. Restarle importancia a los síntomas no los hace desaparecer. Minimizar tu malestar no te convierte en alguien más capaz.
Al contrario, reconocerlo y buscar apoyo es un acto de valentía y amor propio. La ansiedad no es una condena: es un aviso. Y ese aviso puede marcar el inicio de un camino de sanación, si decides escucharlo.
💬 Es tiempo de dar el paso
La ansiedad no se va sola. Pero sí se puede acompañar, tratar y transformar. No tienes que hacerlo sol@, y no es debilidad pedir ayuda. Es un acto de autocuidado, de decirte: “No quiero seguir viviendo con esta carga. Me merezco algo mejor.”
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